María Fernanda Márquez
El maestro budista, Thich Nhat Hahn, se inventó la meditación de los guijarros para enseñar a niños y niñas a cultivar las cuatro cualidades que necesitamos para ser felices: la frescura de la flor, la solidez de la montaña, la calma del agua tranquila que refleja el cielo tal y como es y la libertad de tener espacio.
Lo menciono porque en el trabajo de asesoría que he recibido de Arteaga encuentro estas cuatro cualidades:
Es Fresco en su trato personal, es Sólido en su conocimiento, su Calma desemboca en su claridad para comunicarse y es Libre en su criterio y pensamiento.
Quién diría que reflexionar sobre el aporte y valor de sus asesorías en procesos, matrices, controles, riesgos, manuales, flujogramas (temas que me cuestan un poco, la verdad), me conectara tan profundamente con las cualidades de la felicidad.
Pero claro, no son los temas. Es más bien su ser.

